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LA OTRA MIRADA

Tres afamados personajes que, con diferentes participaciones, intervinieron en una historia  inverosímil y peculiar que reviste a uno de los robos más importantes de la historia.


En la mañana del martes 22 de Agosto de 1911, poco después de que el Museo del Louvre abriera sus puertas, los trabajadores se percataban de un pequeño detalle: La Gioconda había desaparecido. Si bien el cuadro no tenía la popularidad actual, ya se consideraba la obra más importante del pintor italiano Leonardo Da Vinci. Por consiguiente, se trataba de un robo muy significativo, a tal punto que los periódicos de todo el mundo se hicieron eco de la noticia.

Comenzó entonces una búsqueda desesperada para recuperar la Mona Lisa. Las puertas del museo se cerraron (por 9 días en total), se interrogó a más de 200 empleados y se ordenó inspeccionar todos los barcos que salían del puerto de París. Sin embargo, solo se encontró el marco de la pintura pero ningún rastro del ladrón.

Después de un mes de incertidumbre, la policía parisina centró sus sospechas en dos jóvenes artistas: Pablo Picasso y Guillaume Apollinaire. Ambos formaban parte de un grupo de amigos vanguardistas, que adherían a las ideas del escritor italiano Filippo Tommaso Marinetti, que afirmaba que había que quemar los museos para dar paso al arte actual. Pero eso no fue lo único que puso a la policía tras el rastro de los artistas. También, ambos fueron partícipes de un hurto anterior en el museo Louvre.

Unos años antes de que desaparezca la Gioconda, un amigo de Apollinaire, Joseph Géry Pieretm, robó dos estatuillas en 1907. El escritor ofreció guardar las piezas robadas en su taller y luego se las ofreció a su amigo Picasso por la absurda suma de 50 francos. El pintor español las compró para inspirarse en lo que a la postre sería la célebre obra cubista “Las señoritas de Avignon”.

Al momento del robo de la pintura de Da Vinci, el pintor cubista aún guardaba las estatuillas y Pieretm, el ladrón, cometió la indiscreción de ir al periódico para informar que robó las estatuillas para una banda de amigos vanguardistas, aunque no mencionó nombres propios.

Luego del hecho, Apollinaire y Picasso discutieron en varias ocasiones sobre cómo deshacerse de las reliquias. Hasta se cree que el pintor llegó a sugerir arrojarlas en una maleta al Sena, pero descartaron la idea por el temor a que ya los siguieran.

Izquierda: Pablo Piccaso; Derecha: Guillaume Apollinaire

Luego de las dudas, el escritor italiano se presentó ante la policía y confesó su complicidad en el robo de las estatuillas, con la intención de liberarse de la acusación mucho más grave del robo de la Gioconda. Pero al escuchar el testimonio, la policía parisina consideró que estaban ante una banda internacional de ladrones de arte. En consecuencia, fue en búsqueda del joven pintor cubista.

Los que conocían a Picasso destacaban su carácter varonil, su afición al boxeo y su apariencia de macho alfa. Sin embargo, a la hora de declarar el pintor se quebró en su testimonio, brindando abundantes confesiones y constantes suplicas para no ser deportado de París. El interrogatorio llegó a un clímax cuando un oficial trajo al amigo del artista, Guillaume Apollinaire, para develar su vínculo. Al verlo, el pintor español rompió en lloriqueos y aseguró efusivo que “jamás había visto en su vida” al poeta italiano.

A pesar de ambas declaraciones, la policía parisina no pudo armar un caso sólido para procesarlos por el robo de las estatuillas y menos aún para implicarlos en el robo de la Mona Lisa. De todas formas, los artistas quedaron consternados por el hecho y su relación quedó zanjada.

A pesar de dichos antecedentes delictivos, los artistas triunfaron en sus respectivos campos y consolidaron el movimiento cubista como uno de los más importantes en el campo del arte.

Finalmente casi medio siglo después, en una entrevista con el cineasta de arte Gilbert Prouteau, un afamado Picasso, declaró sobre los acontecimientos de 1911. “Al decir eso (que no conocía al escritor) vi la expresión de Guillaume cambiar. La sangre bajó de su rostro. Todavía estoy avergonzado…”



Trailer de la película "La Banda de Picasso" (2012) donde se cuentan parte de los sucesos mencionados 

¿QUÉ PASÓ CON LA PINTURA?

El cuadro de Da Vinci fue robado un lunes 21 de Agosto, mientras se hacían trabajos de mantenimiento en el Louvre. Vicenzo Peruggia, un carpintero italiano que tiempo atrás había sido empleado del museo, fue el autor material del hecho. Como su cara ya era conocida por los guardias, ingresó por la entrada principal del Louvre con el resto de los empleados y encontró una seguridad mucho más reducida que los días de asistencia de público.

La Mona Lisa no contaba con la popularidad actual, por eso se ubicaba en el Salón Carré con los demás cuadros italianos. En el salón, no había ningún guardia al momento del robo. Entonces Peruggia no tuvo inconvenientes para extraer el cuadro, agazaparse en una escalera para desarmar el marco y salir con el lienzo en un maletín con una serenidad imperturbable.

Montaje de Vicenzo Peruggia hurtando la pintura del Salón Carré

Recién al día siguiente, cuando un famoso pintor de réplicas buscó la pintura para copiarla, el personal se enteró del robo. La búsqueda duró más de un año y la fama de la Mona Lisa iba creciendo en el público. Cuando el museo volvió a abrir sus puertas, cientos de personas se agolpaban para ver el hueco donde solía estar el cuadro.

Peruggia nunca fue interrogado y la policía parisina no tenía pistas de que él era el verdadero ladrón de la Gioconda. Incluso llegó a salir del país con la pintura en su poder, para regresarla a Italia.

El error que cometió Vicenzo Peruggia fue pedir reunirse con el director del Museo de Florencia, ciudad natal de Da Vinci, para vender La Mona Lisa. Al principio los directores del museo no creyeron la historia del carpintero pero accedieron a reunirse y cuando descubrieron que la pintura era real alertaron a la policía.

El cuadro de Da Vinci volvió al Louvre dos años y ciento once días después del hurto. Por la celebridad inusitada que ganó la pintura, se dice que “salió como un cuadro y regresó como un ícono”. Desde entonces se instaló en el salón donde se exhibe actualmente, detrás de un cristal antibalas, siempre rodeada de espectadores y de seguridad infranqueable. 

Imagen cortesía del diario El País (2014)


¿UN ARGENTINO LA MENTE MAESTRA DETRÁS DEL ROBO?

El carpintero italiano, confesó ser el autor del hurto y explicó como robó la pintura de uno de los museos más importantes del mundo. Cuando la policía le consultó por el móvil del robo, Peruggia respondió que quería devolver la obra a su país natal, ya que consideraba que el cuadro del pintor italiano era patrimonio de aquel país y que Francia la había robado (aunque el país galo había adquirido la pintura de forma legal en los últimos años de vida de Da Vinci).

Sin embargo, la policía y la prensa no quedaron satisfechos con las declaraciones de Peruggia. Rusltó que el relato de un paupérrimo carpintero nacionalista, no concordaba en nada con el millonario ladrón de arte que estaban imaginando. Tal vez eso fue lo que llevó a desconfiar de que Peruggia haya actuado solo y buscaron una mente maestra detrás del robo.

Uno de esos candidatos para tal puesto fue el marqués argentino Eduardo Valfierno, cuya historia fue publicada por el periodista estadounidense Karl Decker en 1932. La misma aseguraba que Valfierno contrató a un imitador para hacer 6 copias de la Gioconda iguales a la pintura de Da Vinci. Cuando las obtuvo, tentó a Peruggia con un discurso nacionalista y, con el robo consumado, vendió las copias como si fueran las originales.

El supuesto marqués argentino, Eduardo Valfierno

El relato de un millonario argentino, noble, que haciendo gala de toda la viveza criolla, había estafado al mundo entero y había triunfado, no tardó en expandirse. Sin embargo, nadie pudo comprobar la veracidad de los hechos. Nunca aparecieron ninguna de las seis copias vendidas ni los nombres de los estafados, Peruggia jamás mencionó a Valfierno y hasta se duda si existió efectivamente el "marqués". 

Pero nada de esto impidió que el mito se impusiera. Porque es indudable que todo el mundo quiere creer que el misterioso marqués fue el responsable del robo de La Gioconda, para enriquecerse con él sin siquiera pisar el Louvre ni posar nunca un dedo sobre la obra de Leonardo. 

Más acá en el tiempo, el periodista argentino Martín Caparrós, valiéndose de la popular historia, escribió una novela con la que ganó el Premio Planeta 2004. Esto demuestra que aunque todo esto sea una ficción para llenar páginas en un periódico, el periodista yanqui y el marqués argentino brindan un halo de misterio que hace todavía más interesante al robo más grande de la historia del arte. 





Las actividades del Departamento de Música de San Juan se desarrollan en condiciones precarias mientras esperan un edificio que le prometieron hace más de 50 años.


San Juan es un gran polo cultural y el interés que hay en la provincia por la música es notable. En su oferta musical se destacan: el Auditorio Juan Victorio, una obra arquitectónica de primer nivel en el continente y con una acústica sublime; la Orquesta Sinfónica, muy destacada a nivel nacional e invitada constantemente a diferentes giras; y el Coro Universitario, también muy reconocido en todo el país.

Dichos atractivos explican la tendencia de muchos sanjuaninos hacia la música. El departamento de Música, perteneciente a la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), alberga a 1.500 personas aproximadamente, comprendidas en una franja etaria que va  desde los 6 a los 70 años. Estos se distribuyen en alumnos del Preuniversitario y Universitario, docentes, integrantes del Centro de Creación Artístico Coral donde funcionan los diferentes coros (Universitario, Vocacional, PreUniversitario, de Niños y Jóvenes, Preparatorio y Los Jilgueritos), y el Centro de Creación Artística Orquestal.

Sin embargo, a pesar de su significativo aporte cultural, la estructura edilicia para la enseñanza y el aprendizaje de esta actividad es paupérrima. La Escuela de Música funciona en un edificio construido de manera provisoria en el año 1966, en terrenos prestados por la provincia y no alcanza a contener todas las actividades del Departamento de Música.

Para ello se necesita una importante infraestructura que contemple las condiciones especiales que requiere la práctica musical. Dicha empresa se comenzó en el año 2013 con la construcción de la Nueva Escuela de Música, pero en el 2015 se paralizó la obra, con tan solo un tercio construido del total del proyecto. En el medio, quedó un gran abanico de actividades que se desarrollan en diferentes lugares y en condiciones inadecuadas.

Nacimiento de la Escuela de Música

En la década del 60 surgió en San Juan, el Instituto Superior de Arte (ISA), donde se unieron varios talleres artísticos que dictaba el gobierno en ese momento. El ISA funcionaba en el teatro “El Globito”, en el Parque de Mayo; pero en 1966 se decide la ampliación del Parque y el teatro fue derribado. 

Fachada original del tatro "El Globito". Fuente: Diario Cuyo

Más adelante, se fundó la Universidad Provincial Domingo Faustino Sarmiento, y el Departamento de Música se incorporó en 1966 como Facultad de Artes. La investigadora del Gabinete de Estudios Musicales, Graciela Musri, afirmó al Nuevo Diario que en una investigación del gabinete descubrieron un artículo de Diario Tribuna que decía que el 16 de abril de 1966, se entregaba el edificio para la Facultad de Artes. “En realidad, el edificio eran casillas de emergencia y el terreno fue entregado por el gobierno en calidad de préstamo” aseguró la investigadora.

Años más tarde, con la creación de la UNSJ en 1973, el Departamento de Música se incorporó como una unidad académica perteneciente a la Facultad de Filosofía Humanidades y Arte (FFHyA), y bajo dicha órbita se mantiene hasta la actualidad. 

En el año 1970 se inauguró el Auditorio Juan Victoria y 4 años más tarde se crea la Orquesta Sinfónica de la UNSJ. Los integrantes de aquella primera Orquesta fueron músicos destacados del Teatro Colón, de la Filarmónica de Santiago y de otros importantes centros culturales del continente.

Además de los conciertos en el maravilloso auditorio, los reconocidos músicos daban clases a estudiantes sanjuaninos. El proyecto era ambicioso y por eso el ingeniero Juan Victoria solicitó  los terrenos ubicados detrás del Auditorio para construir ahí la Escuela Superior de Música y un museo, entre otras actividades que proponía. Los terrenos le fueron otorgados pero la construcción no se concretó y la Escuela sigue funcionando en las casillas de emergencia desde hace 54 años.   


La nueva Escuela, una solución a medias

El inicio del proyecto de construcción de una nueva escuela de música en la Universidad Nacional de San Juan data de 2011. Sin embargo, al día de hoy y tras varios traspiés, la obra continúa paralizada. Después de colocar la piedra basal en 2013, dos años más tarde la empresa encargada de la edificación (Salmax S. A.) abandonó la obra por problemas económicos, con un avance del 35% de la totalidad del proyecto. A fines de ese año la UNSJ convocó a licitación con el propósito de terminar la construcción en el primer semestre de 2017, pero ninguna empresa accedió a finalizar la obra con el presupuesto que destinaba la Nación. Dicha situación se repetiría dos veces más hasta el 2018.

La vieja Escuela de Música que se construyó en la década del 60, se tuvo que desalojar el año pasado para hacer obras de refacciones. Así mismo, el  precario edificio actual nunca tuvo las condiciones para contener todas las actividades que lleva a cabo el Departamento de Música y muchas actividades ya se realizaban por fuera de este edificio.

Abrazo simbólico a la obra inconclusa organizado el año pasado

Miguel Ambas, profesor de la Escuela de Música e integrante de la Orquesta Sinfónica desde hace 29 años, dictó sus clases de flauta traversa por muchos años en los camarines oscuros del segundo subsuelo del auditorio. Recién, el año pasado se prohibieron las clases en estas piezas pequeñas, sin ventilación y sin salidas de evacuación.

Cuando dejaron de ocupar el auditorio, Ambas pasó a dictar sus clases a las salas de estudio del Teatro del Bicentenario, donde asegura que tampoco existen las condiciones propicias para la enseñanza de música. Durante el 2019 las actividades se repartieron entre el Teatro, el Auditorio Juan Victoria (para instrumentos difíciles de transportar y en aulas que no se encuentran en el subsuelo) y una casa alquilada por la FFHyA (para clases teóricas).

También, se construyeron cuatro aulas nuevas en la precaria Escuela que están prontas a entregarse, para paliar la situación. Además, se acondicionaron los baños para incluir personas con discapacidad y se restauró el techo del Centro Coral. Sin embargo, muchos piensan que las refacciones a una construcción tan antigua de ninguna manera terminan con un problema tan complejo. 



Reclamos y posibles soluciones en el panorama actual

El tamaño que ha alcanzado el Departamento de Música hace que las medidas de “emergencia”, “paliativas” o “provisorias”, no alcancen a ser una solución concreta al problema. La única salida definitiva es que finalice la construcción del nuevo edificio para La Escuela de Música. Este objetivo lo tienen claro desde el Departamento de Música, que en cada publicación en su página de Facebook usa un hashtag para recordar que #MúsicaNecesitaSuEdificio; hasta el rector de la UNSJ, Oscar Nasisi, que repite en múltiples entrevistas que el edificio de Música está primero en sus prioridades.  

Los músicos, estudiantes de música y demás allegados que conforman esta comunidad, están comprometidos con la causa y en diferentes ocasiones expresan sus reclamos. Se manifiestan con abrazos simbólicos a la obra inconclusa, con protestas con música en las calles del centro o en la sede de la FFHyA, y en cada concierto en el Auditorio Juan Victoria. Rosa Garbarino, decana de la Facultad de Filosofía en declaraciones a Radio AM 1020 aseguró: “Vamos a estar en todas las luchas acompañado, la mayor frustración es ver este edificio parado teniendo en cuenta la cantidad de chicos talentosos que salen de acá y son reconocidos en el mundo”. 

Protesta en la Facultad de Filosofía

Músicos y público con carteles con el hashtag #MúsicaNecesitaSuEdificio, en el ultimo concierto del año 2019 en el Auditorio Juan Victoria

Sin embargo, llevar a cabo un proyecto tan importante requiere una gestión para nada sencilla. Jorge Cocinero Raed, Secretario de Obras UNSJ, aseguró el año pasado que para finalizar la primera parte de la obra se requerían $65.500.000 de pesos. Y su totalidad aproximadamente, 160 millones. Cifra que en este contexto seguramente aumente de forma considerable.

Al pertenecer a una Universidad Nacional, los fondos deberían salir de las arcas del Gobierno Nacional. Sin embargo, el monto elevado y el contexto de inestabilidad económica hacen que dicha empresa sea difícil de concretar. Por su parte, el Gobierno Provincial en repetidas ocasiones se ha mostrado dispuesto a colaborar. La ministra de Turismo y Cultura, Claudia Grynszpan, ha dispuesto infraestructura de la provincia para que los alumnos estudien y ha ayudado a refaccionar instalaciones de la Universidad. Nunca han hablado de financiar el nuevo edificio, aunque tampoco han cerrado la puerta a esa posibilidad.


Miguel Ambas (a la derecha de la imagen) junto a la fila de flautas de la Orquesta Sinfónica de la UNSJ en el último concierto.

Miguel Ambas piensa que la solución va a salir del diálogo entre el gobierno provincial y el nacional para definir de dónde salen los fondos para terminar la obra, porque cree que en definitiva "ambos son fondos públicos". Su opinión es compartida por gran parte del arco docente, estudiantil y dirigente de la UNSJ. En suma, al tratarse de un proyecto tan complejo, costoso y trascendental para la proliferación del arte y la cultura, una solución en conjunto es mucho más viable que el compromiso de un solo sector.

 

Bibliografía:

Investigación periodística de “San Juan al mundo”, disponible en:  https://www.sanjuanalmundo.com/articulo.php?id=214732 

Artículo periodístico de Diario de Cuyo, disponible en:

https://www.diariodecuyo.com.ar/sanjuan/Teatro-Del-Bicentenario-solucion-provisoria-a-la Escuela-de-Musica-20190416-0122.html 

Artículo periodístico de “Canal 13 San Juan”, disponible en:

https://www.canal13sanjuan.com/san-juan/2019/10/24/sin-aulas-ni-banos-estudiantes-de-la escuela-de-musica-en-la-calle-127246.html#! 

Página web especializada:

http://www.musica.unsj.edu.ar/index2.html 

Fan page de Facebook especilizada:

https://www.facebook.com/dmffhaunsj/ 

Artículo periodístico de “Telesol Diario”, disponible en:

https://telesoldiario.com/san-juan/garcia-gomez-sobre-la-escuela-de-musica-creo-que-la universidad-ignora-donde-dan-clases-los-docentes-57903/ 

Artículo periodístico de “Tiempo de San Juan”, disponible en:

https://www.tiempodesanjuan.com/educacionales/2020/2/12/la-escuela-de-musica-de-la unsj-muestra-su-ampliacion-casi-lista-278127.html 

Nota del medio especializado en construcción "Construar", disponible en:

http://www.construar.com.ar/2015/12/san-juan-reactivan-la-construccion-de-la-escuela-de musica/


En el Siglo XVIII nació la escuela como la conocemos. Un movimiento llamado despotismo ilustrado, implementó en Prusia la educación pública, gratuita y obligatoria para transmitir conocimientos. Nuestro país incorporó este modelo y desde ese momento enclaustró la educación en las paredes de la escuela. Tres siglos después, la Universidad de Buenos Aires (UBA) presiona a un profesor que le brinda a sus alumnos clases por su canal de Youtube y prescinde del cursado aúlico obligatorio. Sólo una pandemia obliga a sacar la educación del aula y refugiarse en una herramienta que mucho tiempo desdeñó: la tecnología.



Cabe aclarar que escuela y educación son términos amplios, que se complementan y convergen en un punto. La educación, entendida como la enseñanza o el aprendizaje de conocimientos, valores, hábitos y habilidades; excede una institución y un edificio determinado. Sin embargo, la escuela no se encarga solo de educar, también es una guardería para los más chicos, es cohesión social, es comedor para muchos en Argentina. Por eso la escuela, a pesar de sus falencias y sus muchos críticos, es imprescindible. Pero como la situación actual nos obliga a buscar formas de continuar aprendiendo o enseñando fuera del aula, podemos repensar el valor del aprendizaje fuera de la escuela.

Para tener una noción de lo que significa la escuela, debemos remontarnos al estado prusiano que implementó formato institucional moderno. Allí las clases se daban dentro de un dispositivo arquitectónico determinado (la escuela), con una división por castas (edades), distribución jerárquica piramidal, una metodología premio-castigo y evaluación por tests estandarizados. Esta forma de enseñar se ha mantenido hasta nuestros días, por lo menos en los puntos que mencionamos.



La pregunta que nos hacemos inmediatamente es: ¿Por qué no modificamos la forma de educar después de tantos años y con tantos cambios en el medio? La respuesta coincide con los motivos por los cuales el modelo prusiano se extendió tan rápido por todo el mundo, porque funciona. Si este modelo no funcionara ya hubiera sido descartado. Pero los hechos muestran que el estado prusiano, a través de la disciplina y el régimen autoritario, logró conseguir súbditos obedientes para las fábricas y las guerras. En nuestro país, los gobiernos argentinos muchas veces modificaron los contenidos pero nunca la forma, lo que quiere decir que el modelo funciona.

En consecuencia, desde que Sarmiento implementó las "Escuelas Normales", la escuela se manuntuvo casi inmutable en cuanto a su forma. Parece increíble que en un mundo donde la tecnología desborde por todos lados, se quede afuera del aula cuando el docente cierra la puerta para dar su clase. Más que un proyector que modernizó al pizarrón y los programas básicos de Microsoft que actualizaron la forma de tomar apuntes, no vemos cambios sustanciales en el aula. Por el contrario, nuestra percepción de lo que debe ser una clase está tan normalizada que sólo nos damos cuenta de que el mandato es inflexible cuando algún docente quiere innovar.

Darío Sztajnszrajber, profesor de filosofía de la UBA, cuenta que una vez quiso dar Sócrates en una escuela caminando por los pasillos de la institución, como lo hacía el filósofo griego con sus discípulos por el puerto de Atenas. Al ver al profesor y los alumnos fuera del aula la directora del colegio se horrorizó. Después de mandar a los chicos al aula, Sztajnszrajber fue a habla con ella y se justificó diciendo que los chicos así aprendían más. Sin embargo a ella no le interesó y le impuso al profesor que las clases se daban con el profesor parado en frente del aula y los chicos sentados. “¿Pero a vos que te importa más, cómo están sentados o que los chicos aprendan?”, preguntó el joven docente. La respuesta de la directora fue contundente: “Como están sentados”.



Por su parte, el docente de biofísica del Ciclo Básico Común (CBC) de la UBA, Anibal Kacero, fue amenazado con ser despedido si no cerraba su canal de Youtube y bajaba todas las explicaciones didácticas que tenía de biofísica. Para contextualizar, el caso se produjo a fines del año pasado y en la Universidad más prestigiosa que hay en el país. En la UBA, acusaron a Kacero de que su canal era “incompatible con la labor docente”. El profesor se defendió alegando: “Yo hago todo esto por los alumnos. Es mucho esfuerzo (físico y económico) filmar y editar cada video, generar contenido, responder consultas a toda hora por Youtube y por Instagram. ¡No te das una idea de la cantidad de plata que invierto para que los chicos puedan ver gratis mis clases! Vas a ver que ni siquiera pongo publicidad en el canal”.

Por tratar de aumentar la comodidad de los alumnos y facilitar su proceso de aprendizaje, el docente puso en riesgo su empleo. Finalmente, Kacero tomó la desición de continuar con se canal pero no sin consecuencias. En un video posterior, el docente descartó que lo despidieran, al menos por el momento, por la repercusión que tuvo el caso en medios y redes. Pero afirmó que sus compañeros docentes no lo saludan y no descartó que cuando pase un tiempo podrían llegar a despedirlo. Ambos casos son claros, modificar la forma que se educa en la escuela o la universidad es inadmisible.


Que los chicos aprendan más, que les sea más cómodo, que sea más accesible otro método, no importa. Enseñar de otra forma, como le dijeron a Kacero, es “incompatible con la labor docente”. En una escuela se enseña, como le dijeron a Szetajnszrajber, con el docente parado y los alumnos sentados. Este es el mandato que han seguido las escuelas en nuestro país y el resultado es que ahora el aprendizaje es deficiente por la imposibilidad de asistir a las escuelas.

Pensar por mucho tiempo que la educación se encontraba entre cuatro paredes y en una X cantidad de metros cuadrados en un aula, limitó nuestro proceso de aprendizaje. Lo podemos observar en las aulas virtuales que son deficientes, en los profesores que no están familiarizados con las herramientas tecnológicas que disponen, en las cátedras que se limitan a pasar el material de estudio y no aprovechan las potencialidades que brinda internet.

 La forma de acceder alconocimiento ya no es entre cuatro paredes como en la Escuela Prusiana. En un país tan cambiante como el nuestro, donde te levantas y hay paro de colectivos, paro de docentes, suspensión de clases por infraestructura endeble, entre otras cosas; el aprendizaje fuera del aula podría ser una forma de complementar y mejorar la educación.En definitiva, ojalá que la educación que construimos entre todos, pueda aprender de esta situación límite.

La película surcoreana “Parasite” es un verdadero suceso mundial. La trama del filme dirigido por Bong Joon-ho se basa en una familia de bajos recursos que, a partir de algunas tretas, encuentra la forma de inmiscuirse en el hogar de una familia millonaria. A pesar de ser una “avivada” ingeniosa, algunas cosas se pueden ir de control. La historia encierra la diferencia existente entre las diversas clases sociales y la lucha permanente que hay entre ellas.
Póster oficial de Parasite.

No hay dudas de que este thriller con tintes de humor negro es una película brillante. Las críticas unánimemente positivas dan cuenta de eso. Su prestigio llega al punto de haber ganado la Palma de Oro del Festival de Cannes y recibir 6 nominaciones a los premios Oscar donde disputará galardones con películas de leyendas del cine como Quentin Tarantino y Martin Scorsese. Entre esas nominaciones está la categoría “mejor película de habla no inglesa”, lauro que parece ser un hecho que se llevará el filme asiático.

En Argentina consiguió 115.403 espectadores al 8 de febrero. Un dato que cabe destacar es que aquí la película se estrenó mucho después que en el resto del mundo, haciendo que esté “pirateada” durante varias semanas en internet. En Estados Unidos y Canadá fue la película extranjera más vista de 2019 (allí se estrenó en octubre) recaudando más de 23 millones de dólares al 3 de enero de este año. Al fin de semana del 7 de febrero, lleva 163.1 millones de dólares en todo el mundo.
Fuente: Box Office Mojo.

Es muy probable que el importantísimo sello mercadotécnico que significa la marca Oscar haya ayudado a su gran difusión. Además, no estamos hablando de una película de clase B con poca inversión, fue producida por CJ Entertainment, la empresa productora más importante de Corea del Sur.

Su gran calidad cinematográfica hace que el reconocimiento de los especialistas no sea para sorprenderse. Sin embargo, su gran éxito de taquilla puede dar lugar a la sorpresa. ¿Cómo puede ser que una película hablada en un idioma que nos resulta tan ajeno y protagonizada por gente con los ojos rasgados llene salas en los cines de occidente?

Para los cinéfilos no es novedad que una película surcoreana complete todos los casilleros para ser considerada una producción maravillosa. Memorias de un asesino (2003), del mismo director de Parasite, Oldboy (2003) y Burning (2018) son algunos ejemplos que sostienen la afirmación de que el talento de Corea del Sur no tiene nada que envidiarle a los grandes países productores de cine.
Los premios Oscars 2020 se entregan el 9 de febrero.

Pero, por más brillante que sea, es difícil lograr un gran éxito de taquilla en Occidente. Las barreras culturales que ponen a Oriente tan lejos de nuestra idiosincrasia tal vez llenen de prejuicios a la sociedad e impidan que se abarroten las salas. Por el contrario, nuestros cines suelen colmarse de espectadores con los grandes tanques norteamericanos que muchas veces están muy lejos de una calidad creativa de la magnitud de Parasite.

Entonces, ¿a qué se debe semejante acogida popular? La respuesta seguramente no se circunscribe a un solo factor ni está presente de manera explícita. Tal vez haber sido tan elogiada por la crítica, tal vez los diversos premios recibidos, tal vez una buena estrategia publicitaria. Pero, tal vez en este caso, las sociedades por fin hayan premiado el buen talento sin distinguir de idiomas ni de ojos rasgados.
Bong Joon-ho, director de la película, con la Palma de
Oro obtenida en el Festival de Cannes.

El autor de la famosa novela, "Los ojos del perro siberiano", reveló por primera vez la propuesta que le hizo la hija de la expresidenta y directora de cine para llevar su best seller a la pantalla grande.


Antonio Santa Ana, es un reconocido escritor y editor. Además, hace canciones infantiles y actualmente tiene un programa de radio llamado “Sólo por gusto”, en la Radio con vos. Como editor “descubrió” grandes escritores como Liliana Bodoc, con quien se arriesgó con una obra que ya había sido rechazada en todas las demás editoriales de Buenos Aires. Luego, la mendocina se convertiría en una de las mejores escritoras argentinas de la época. Como escritor publicó varios libros infantiles y novelas juveniles. Su primera novela, “Los ojos del perro siberiano” (1998), narra una conmovedora historia de un chico al que los padres lo alejan de su hermano mayor porque este tiene sida. Dicha obra ya vendió más de 800 mil ejemplares.

Recientemente, Santa Ana publicó la secuela de su best seller luego de más de 20 años. “Bajo la estrella del Sur” salió a la venta en diciembre, con una primera tirada especial de 2 mil libros firmados por el autor y en febrero saldrá un mayor número de copias para distribuir en las librerías de todo el país.  Hoy aprovechamos para recordar la entrevista que nos brindó en su paso por la Feria del libro de Córdoba, a fines de Septiembre.

Su visita fue en el marco de la presentación de su libro “Las Canciones de Constanza”. El autor dejó interesantes testimonios inéditos de sus inicios como escritor, su juventud en la dictadura, la posibilidad de llevar al cine “Los ojos del perro siberiano”, entre otros temas de una entrevista imperdible.


Santa Ana en la presentación del libro "Canciones para Constanza" en la Feria del Libro de Córdoba

Se ve que tiene muchas pasiones. Además de escribir, le gusta la música, la cocina, la cultura en general. ¿Esos intereses ya se manifestaban en su juventud?

Sí. De chico quería jugar al fútbol y me gustaba leer. Aparte hay una cosa muy importante que es una marca de época. Yo hice toda la secundaria con la dictadura, que era terrible. Encima yo militaba. Pero de repente, cuando estaba saliendo de la adolescencia, todo se abrió con la primavera de la democracia. Entonces había muchas cosas para hacer y muy baratas. Había festivales, recitales en las plazas, ballet gratis en el hall del teatro San Martín. Fue como meterme en el mundo a una velocidad impresionante. También, se dio que la movida subterránea era muy chica, por eso vi a los Redondos antes de que fueran conocidos al igual que a Soda. Si permitís que todo eso entre, te abre la cabeza. Yo, que estuve mucho tiempo sin un mango, pude acceder a todo eso que me gustaba y me marcó muchísimo.

¿A qué edad empezó a escribir?

En esa época todos escribíamos. Escribíamos poesías horribles, escribíamos cuentos, escribíamos lo que sea. Yo el primer libro lo empecé a escribir cuando ya había nacido mi hijo mayor, más o menos en el 1992. A esa edad, con 28 o 29, yo ya había querido ser director de cine y no lo cumplí, estrella de rock y no sabía tocar bien la guitarra, ya no iba a estudiar una carrera universitaria; entonces cuando empecé a tomar apuntes para escribir me dije a mí mismo: “bueno yo seré un mediocre pero me voy a proponer algo y lo voy a cumplir”. Tardé 6 años pero al final lo cumplí. Después por suerte me fue bien, pero nunca imaginé vivir de esto. Incluso unos años descuidé mis libros un poco.

¿Ese descuido se debe a su rol de editor?

Sí, en parte. Yo trabajaba como editor en la misma editorial que publica mis libros, después me di cuenta que eso fue un error. Porque a mí me invitaban a charlas para promocionar mis libros y yo decía que no podía ir. Les decía que invitaran a Sergio (Aguirre) o a Liliana (Bodoc), porque a mí me pagaban el sueldo para que ellos vendan sus libros. Entonces durante 10 años no hice nada, no saqué libros, no aproveché chances de difusión, nada. En esos años ellos crecieron muchísimo, en alguna medida porque ligaron muchos viajes que yo no quería ir.

¿Se arrepiente un poco de eso?

No, para nada. Estoy muy orgulloso de lo que hice.


Otra de las obras destacadas del autor

¿Qué escritor admira?

Muchísimos. Unos es Sergio Aguirre. Sergio es un escritor cordobés y un gran amigo. Para mí es el mejor del género, de los que escribimos literatura juvenil. Porque él logra escribir novelas para jóvenes sin que haya jóvenes en sus novelas, eso nadie más lo hace. En definitiva, Sergio es un escritor maravilloso.

¿Cambia mucho en sus obras?

Sí, se cambia bastante. Vos cuando escribís o cuando comunicas, estás transmitiendo ideas. Cuando editás también lo hacés: discutís ideas. Entonces por ahí te dicen le falta un poco de esto o le sobra acá y vos respondés si tenés razón, o no, no le falta. En definitiva eso es lo bueno de escribir. Y de tener amigos escritores ni hablar. Si tenés claro que lo que estamos haciendo es discutir ideas, que me regales una idea para que yo escriba está buenísimo. Después a esa idea yo le voy a dar forma según como yo escribo, no como vos escribís.

¿Le gustaría que alguna de sus obras llegue al cine?

Mirá a mí me vinieron a buscar muchas veces para llevar “Los ojos del perro siberiano” al cine, pero eran directores que recién terminaban  el seminario. Yo les decía que sí al principio pero al final nunca se hacía nada. Cuando la obra tuvo más y más lectores, le dije a uno: “mirá vos me proponés una película para estar en dos festivales y que la vean 20 mil personas”. Como la novela ya tenía más de 500 mil ejemplares vendidos, yo aspiraba a que si la hacía película tendría que estar al nivel del libro. Por lo menos que tuviera la misma cantidad de espectadores. Creo que se lo debía a los lectores.

¿Y una propuesta así nunca llegó?

Si llegó, pero se metió el juez Bonadío en el medio, porque me la hizo Florencia Kirchner. Por un conocido en común me enteré que me estaba buscando, así que nos reunimos en un café. Ella venía de grabar su primera película y la iba a presentar en festivales. Yo iba con la idea de “me va a odiar todo  el mundo”. Yo no soy k. Los he criticado mucho públicamente. Pero esa tarde yo no charlé con la hija de la presidenta, charlé con una directora de cine apasionada. Yo fui a encontrarme con una directora de cine y me encontré con una directora de cine. Tenía ideas buenísimas, tenía el guion recontra estudiado. De hecho, me dijo que cuando estudiaba cine en Nueva York quiso hacer su seminario de guion con ese libro. Pero el profesor no la dejó porque el libro no estaba traducido, entonces no podía leer el original para ver la adaptación. De todos modos se notaba que conocía muy bien el libro. Me traía cosas que ni yo me acordaba (Santa Ana nunca relee sus libros) y me enseñaba formas muy interesantes de contarlo. Pero finalmente le dije que no, porque sabía que me iban a matar de un lado o de otro, era un lugar incómodo.


"Los ojos del perro siberiano" estuvo cerca de llegar al cine de la mano de Florencia Kirchner

Una lástima porque la propuesta se ve que era muy buena. ¿Después hablaste con ella?

Si charlé con ella varias veces. Siempre estuvo totalmente alejada de la política, pero la metieron en el escándalo de las cajas de seguridad y de las sociedades. Lamentablemente cuando estás en una junta tenés responsabilidades y la cagaron a ella. Ahora la está pasando mal enserio. Ya les dije que no soy k pero tampoco me identifico con este gobierno (hasta el momento de Mauricio Macri). A mí me llamaron 2 veces para trabajar con ellos. La primera, porque yo daba el perfil justo porque venía de ser gerente de 2 multinacionales y en ese momento estaba sin trabajo. Entonces me llamaron, seguramente pensando que yo era un empresario pero nunca me compré ese papel. Siempre fui un trabajador.

¿Qué cargo le ofrecían?

Ni idea. Cuando me llamaron para la entrevista yo les avisé que en tres días me iba a Mar de las Pampas y volvía en Marzo, y ahí recién estaba empezando Febrero. Así que ni lo consideré. Después me volvieron a buscar y ahí si me hicieron dudar, cuando Alberto Manguel fue director de la Biblioteca Nacional, después de la que la Biblioteca estuviera acéfala por un tiempo. Manguel es un tipo serio, muy estudioso, yo soy muy fan de él. A mí me ofrecieron manejar el presupuesto para hacer compras internacionales de la biblioteca, comprar cuadros, obras de arte. Y yo me asusté porque no sabía nada de eso y se manejaba mucha plata.

Además, en su presentación se notó que es muy respetuoso manejando el dinero de los demás. Ya expresó que como editor era complicada la responsabilidad de saber que si comete un error generalmente corren a los empleados de abajo. Imagino que en un cargo así el riesgo era mucho peor.

Siempre trato de ser respetuoso con el trabajo de mis compañeros. Eso lo tengo claro porque vengo de abajo. A los tipos que entraron por la venta o llegaron por ser los hijos del doctor, no les importa. Yo voy al edificio de Santillana donde trabajé 4 años y no trabajo ahí hace 5, y estoy a los abrazos con la chica que limpia. Con los jefes es 'hola' y 'chau'. Pero con Betty sí tengo relación, al igual que con los cocineros los recepcionistas. En definitiva todos nosotros venimos de abajo. Claro que si vos no venís de ahí, es otro el trato. Pero yo estoy convencido de que no podés tratar a alguien como no te gusta que te traten.

Por último, ¿Qué consejo les daría a los nuevos escritores?

Yo siempre digo que escriban, que practiquen. Hay que hacer el ejercicio de imaginarse una novela que les gusta en ropa interior y preguntarse ¿por qué cada personaje hace lo que hace? Si querés escribir, pensá. Hace el ejercicio, anímate a reescribirlo distinto y así vas aprendiendo.
Última obra del autor
Foto gentileza de Editorial Norma




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